– ¡Fuera luces!

Estaba volviendo a la vida. Sarah vio cómo sucedía mientras la observaba, y se acercó prudentemente al escenario para hablar con ella. Melanie la miró desde arriba, sonriendo.

– ¿Todo bien? -preguntó Sarah, sintiéndose de nuevo como si hablara con una niña, pero luego recordó que, después de todo, Melanie era una adolescente, aunque fuera una estrella.

– Tiene un aspecto de fábula. Has hecho un trabajo estupendo -dijo Melanie, amablemente, y Sarah se emocionó.

– Gracias. ¿Los músicos tienen todo lo que necesitan?

Melanie se volvió y miró hacia atrás, con una sonrisa, segura de sí misma. Cuando estaba en el escenario era cuando más feliz se sentía. Esto era lo que mejor hacía. Era un mundo que conocía bien, aunque este fuera un lugar mucho más agradable que los otros donde solía actuar. Le encantaba la suite, igual que a Jake.

– ¿Tenéis todo lo que necesitáis, chicos? -les preguntó a los músicos.

Todos asintieron con la cabeza y empezaron a afinar los instrumentos mientras Melanie olvidaba a Sarah y se dirigía a ellos. Les dijo lo que quería que tocaran primero. Ya se habían puesto de acuerdo en el orden de las canciones que iba a cantar, que incluía su actual gran éxito.

Sarah comprendió que ya no la necesitaban y decidió marcharse. Eran las cuatro y cinco; llegaría media hora tarde a la peluquería. Tendría suerte si podían hacerle la manicura. Tal vez no podrían. Justo había conseguido salir del salón cuando una de las componentes del comité la detuvo, acompañada de un encargado del catering.



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