
– Bajaré dentro de media hora. Antes tengo que hacer un par de llamadas.
Siempre era así y aquella noche no iba a ser diferente. Sarah lo comprendía. Gestionar sus fondos de alto riesgo lo tenía ocupado noche y día. Le recordaba sus propios días en Wall Street, cuando estaban a punto de presentar una OPI, es decir, una Oferta Pública Oficial. Ahora la vida de Seth era siempre así, por eso era feliz y tenía éxito, y podían llevar el estilo de vida que llevaban. Vivían como si fueran unas personas fabulosamente ricas, y mayores que ellos. Sarah se sentía agradecida por ello y no lo daba por sentado. Se dio media vuelta para que él le subiera la cremallera. El vestido le sentaba de maravilla y Seth sonrió:
– ¡Uau! ¡Estás sensacional, cariño!
– Gracias. -Le sonrió y se besaron. Sarah guardó algunas cosas en un diminuto bolso plateado, se puso los zapatos sexy a juego y le dijo adiós con la mano al salir de la habitación. El ya estaba con el móvil, hablando con su mejor amigo de Nueva York, organizando algunas cosas para el día siguiente. Sarah no se molestó en escuchar. Había dejado una botella pequeña de whisky escocés y una cubitera con hielo a su lado; él ya se estaba sirviendo una copa, agradecido, cuando la puerta de la suite se cerró detrás de ella.
Entró en el ascensor y bajó hasta el salón de baile, tres plantas por debajo del vestíbulo, donde todo era perfecto. Los jarrones estaban llenos de rosas de un blanco marfil.
