Unas bonitas jóvenes, con trajes de noche de colores nacarados, estaban sentadas a unas largas mesas, esperando para entregar a los invitados las tarjetas con su sitio en la mesa y registrar su entrada. Había modelos paseando por la sala, que lucían vestidos negros largos, con joyas fabulosas de Tiffany. Además, solo había llegado un puñado de personas antes que ella. Sarah estaba comprobando que todo estuviera en orden cuando un hombre alto de pelo rojizo tirando a gris entró con una bolsa de cámaras colgada del brazo. Sonrió a Sarah, admirando su figura, y le dijo que era de la revista Scoop. Sarah se sintió complacida. Cuanta más cobertura cié prensa consiguieran, mejor sería la recaudación al año siguiente, más atractivos resultarían para los artistas que quizá donaran su actuación, y más dinero podrían recaudar. La prensa era muy importante para ellos.

– Soy Everett Carson -dijo presentándose mientras se sujetaba la identificación de prensa en el bolsillo del esmoquin. Parecía relajado y completamente a sus anchas.

– Yo soy Sarah Sloane, presidenta de la gala. ¿Le apetece tomar algo? -ofreció, y él rehusó con un gesto de la cabeza y una sonrisa.

Siempre le sorprendía que esto fuera lo primero que la gente decía cuando recibía a alguien, justo después de las presentaciones. «¿Le apetece tomar algo?» A veces, justo después de «Hola».

– No, muchas gracias. ¿Hay alguien al que quiera que le preste particular atención? ¿Celebridades locales, la gente de moda en la ciudad? -Sarah le contestó que los Getty estarían allí, Sean y Robin Wright Penn y Robin Williams, junto con un puñado de nombres locales que no reconoció pero que ella prometió señalarle cuando fueran entrando.

Sarah volvió junto a las mesas largas para saludar a los invitados según salían de los ascensores, cerca de las mesas de recepción. Y Everett Carson empezó a fotografiar a las modelos. Dos de ellas tenían un aspecto sensacional, con pechos artificiales, erguidos, redondos y unos escotes interesantes, donde lucían collares de diamantes. Las otras estaban demasiado flacas para su gusto. Volvió a la entrada y fotografió a Sarah, antes de que estuviera demasiado ocupada. Era una mujer muy guapa, con aquel pelo oscuro recogido en un moño alto, con las estrellitas centelleando, y unos enormes ojos verdes que parecían sonreírle.



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