
– Gracias -dijo ella, y él le ofreció una cálida sonrisa. Sarah se preguntó por qué no se había peinado, si se había olvidado o si quizá ese era su look. Observó las viejas y gastadas botas negras de lagarto, estilo vaquero. Parecía todo un personaje, y estaba segura de que tenía una historia interesante, aunque nunca tendría la ocasión de conocerla. Era solo un periodista de la revista Scoop que había venido de Los Ángeles para aquella noche.
– Buena suerte con la gala -dijo él y luego se alejó, justo en el momento en que surgían de los ascensores treinta personas de golpe. Para Sarah, empezaba la noche del baile de los Smallest Angels.
Capítulo 2
El programa iba con retraso, pues que los invitados entraran en el salón y ocuparan sus asientos en las mesas llevaba más tiempo de lo que Sarah había previsto. El maestro de ceremonias era una estrella de Hollywood que había presentado un programa nocturno de entrevistas, en televisión, durante años y que acababa de retirarse; era fabuloso. Animaba a todo el mundo a sentarse mientras presentaba a las celebridades que se habían desplazado desde Los Ángeles para la ocasión y, por supuesto, al alcalde y a las estrellas locales. La velada se desarrollaba según lo previsto.
Sarah había prometido que los discursos y agradecimientos serían los mínimos. Después de unas breves palabras del médico a cargo de la unidad neonatal, pasaron un breve documental sobre los milagros que realizaban. A continuación, Sarah habló de su experiencia personal con Molly.
