Y luego pasaron de inmediato a la subasta, que fue muy reñida. Un collar de diamantes de Tiffany fue adjudicado por cien mil dólares. La posibilidad de conocer a las celebridades recogía una cantidad asombrosa de dinero. Un adorable cachorro de Yorkshire terrier consiguió diez mil. Y la subasta por el Range Rover, ciento diez mil. Seth era el segundo postor, aunque, finalmente, bajó la paleta y se rindió. Sarah le susurró que no pasaba nada, que estaba contenta con el coche que tenía. Su marido le sonrió, pero parecía preocupado. Observó de nuevo que parecía estresado, pero supuso que había tenido un día difícil en el despacho.

Durante la noche, vio un par de veces, de refilón, a Everett Carson. Le había indicado el número de las mesas donde había figuras importantes de la sociedad. W estaba allí, al igual que Town and Country, Entertainment Weekly y Entertainment Tonight. Había cámaras de televisión esperando a Melanie para empezar a rodar. La noche estaba resultando un éxito. Habían recaudado más de cuatrocientos mil dólares en la subasta gracias a un subastador muy dinámico. Aunque dos cuadros muy caros donados por una galería de arte local también habían ayudado, al igual que algunos cruceros y viajes fabulosos. Sumado al precio de las entradas, los fondos recogidos hasta el momento superaban todas las expectativas; además, después de la gala y durante algunos días siempre llegaban cheques con donaciones diversas.

Sarah recorría la sala dando las gracias a todos por asistir y saludando a los amigos. Había varias mesas, al fondo, que ocupaban diversas organizaciones benéficas: la Cruz Roja de la ciudad, una fundación dedicada a prevenir los suicidios y una mesa llena de sacerdotes y monjas, reservada por Catholic Charities, que estaba afiliada al hospital donde se albergaba la unidad neonatal. Sarah vio a los sacerdotes con sus alzacuellos y, junto a ellos, a varias mujeres vestidas con trajes oscuros de color azul marino o negro.



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