
Archie volvió a llorar. Will lo dejó encima de una manta mientras rápidamente buscaba los pañales y ropas. Archie lloró más alto.
– Confía en mí, sabré hacerlo… Bueno, ¿quieres ponerte esta cursilada blanca con el payaso o el pijama verde con el futbolista?
Parecía que el mequetrefe no iba a tomar ninguna decisión. De hecho empezó a soplar pompas de saliva por la boca. Alarmado, Will empezó a quitarle el pijama húmedo. El niño dejó de armar jaleo en cuanto estuvo medio desnudo. Will le quitó el pañal mojado y ya no supo qué hacer.
– Podrías ayudar un poco. Esto de los pañales no es nuevo para ti y tu madre no nos dio un manual a los demás. Imagino que hay que limpiarte de algún modo, ¿verdad? Y luego otro pañal limpio. ¿Te parece eso bien?
Más pompas de saliva. Ése era el único modo en que se comunicaba el enano. Will sintió que se le empezaba a empapar la frente de sudor. A él se le daban de maravilla los ordenadores, laboratorios y fórmulas. Pero eso era diferente.
Pareció tardar una eternidad en encontrar donde dejar el pañal mojado, encontrar un paquete de toallitas húmedas y juntar la ropa limpia y un montón de pañales nuevos.
Cuando él estuvo listo, el niño no. El bebé había levantado las piernas y había dejado de llorar completamente al encontrarse desnudo y se estaba metiendo un dedo del pie en la boca.
Perplejo, Will se arrodilló y esperó. ¿Quién sabía? Quizás si le interrumpía ese ritual podría afectar permanentemente a su desarrollo.
Pero esperar no servía de nada. El niño parecía dispuesto a chuparse el pie indefinidamente. Así que Will se enderezó y empezó a ocuparse de la toallita pegajosa.
Momentáneamente se quedó distraído por la anatomía en miniatura de Archie. La anatomía masculina no le era desconocida, pero era interesante verla en esa forma encogida. De hecho, el pequeño diablo parecía excesivamente dotado comparado con el resto. Will se quedó de pronto boquiabierto. Santo Cielo, el bebé tenía una erección. ¡Una erección a su edad!
