
– Voy a darte un consejo. Si no controlas tus hormonas a las seis semanas de vida, tendrás muchos problemas en esta vida. Responsabilidades sexuales. Y personalmente creo que la gente debería tener mucho más cuidado para no traer al mundo bebés que no quieren. Es horrible para el pequeño, créeme. Lo sé.
A Will le pareció un buen consejo. Y sorprendentemente, el bebé pareció estar escuchándolo, porque dejó de chuparse el dedo y lo miró con seriedad.
– ¿Estás preparado ya para el pañal?
Will no lo vio llegar. Nunca imaginó el método que elegiría el niño para responderle. Él estaba inclinado sobre el bebé, buscando uno de los pañales cuando el pequeño monstruo le meó en toda la cara.
Capítulo Tres
– El pequeñín al fin está dormido -Laura entró en el salón y se dirigió directamente a Will-. No sé que habría hecho hoy sin ti.
– Yo no he hecho nada.
– Has hecho desaparecer cinco montañas de platos sucios. ¿Le llamas a eso nada? No sé por qué pierdes el tiempo en el laboratorio, haciendo esas cosas de científico, cuando deberías ganarte la vida como mago.
Will sonrió y la hizo un gesto para que se sentara a su lado. No tuvo que pedírselo dos veces. Laura se acurrucó junto a él. Will había echado las cortinas y apagado las luces. El fuego moribundo silbaba en la chimenea. Por primera vez en todo el día la casa estaba tranquila y silenciosa. Era exactamente la clase de velada íntima que los dos necesitaban.
– Me gusta tu padre.
– Yo lo adoro, pero siempre me está regañando por armar demasiado jaleo y líos. ¿Qué serían unas navidades sin jaleo? Y un bebé en la casa hace las fiestas más especiales, pero yo no tenía ni idea de cuánto tiempo y energía requería.
