
– Entonces imagino que estarás pensando en una canguro o una niñera. ¿Vas a amenazarme violentamente si me ofrezco a ayudar en eso? Necesitas a alguien deprisa. Me parece una tontería que no me dejes llamar a unas cuantas puertas para agilizarlo todo cuando es algo que podría hacer fácilmente.
Ella levantó la cabeza.
– ¿Me estás llamando tonta?
– Creo que te vendría bien librarte de una buena dosis de orgullo, y aún así tendrías más que nadie que haya conocido.
– Dios mío. ¿Es eso otro insulto? Me estás provocando.
– Lo sé.
Incluso en la oscuridad, él no tuvo problemas para encontrar su boca. Laura sabía como el mejor regalo de todos.
Ella le devolvió el beso. No había estado a solas con él en todo el día. Apenas lo había visto a solas durante un minuto desde que su hermana apareció la noche anterior.
Sus lenguas se encontraron. Laura le acarició la espalda una y otra vez. Un beso llevó a otro. La boca de Will era como seda húmeda. La necesidad surgió con furia entre ellos. Will sabía todo lo que ella podía darle. Y ella sabía que no había límite para lo que pudiera recibir.
De pronto Laura oyó un débil sonido. Lo ignoró. Siguió absorta en el roce de Will, su aroma, el sonido de su respiración ronca y grave.
El sonido se oyó de nuevo. Un sollozo. Cada vez más alto.
Archie.
Will se quedó quieto al mismo tiempo que ella. Un baño en el ártico no podría haber enfriado a Laura más deprisa. La única madre que tenía el bebé en ese momento era ella.
Will no protestó cuando ella se levantó y se marchó. El bebé la necesitaba, y seguro que Will lo entendía.
– ¿Cuál fue la razón para dejar su último empleo, señor Redling?
– Tuvimos que mudarnos. Mi padre estaba enfermo, tuvo un accidente, y somos la única familia que tiene. Madison es mi hogar natal, y espero encontrar aquí un trabajo.
