En la encimera del lavabo había un camisón muy sexy, de seda negra y provocativo. Se lo puso y lo dejó deslizar por su cuerpo.

Por supuesto, el bebé tendría que estar dormido antes de que ella realizara los planes que tenía en la cabeza. Will no escaparía esa noche.

Lo había estado pidiendo al apoyarla, al no perder la paciencia. Y esa noche lo tendría.

El aire frío acarició su piel cuando abrió la puerta del cuarto de baño. Se estremeció y sonrió. No se oía ni un ruido. Archie no estaba llorando. Se estaban llevando bien. Laura sabía que si Will pasaba tiempo a solas con el bebé, al final le gustaría.

– ¿Will?

Ajustó la postura, metiendo el estómago y sacando el pecho… y se olvidó de parecer seductora mientras caminaba descalza hasta la cocina. Había mil artilugios en la cocina, pero ellos no estaban.

Miró en el salón. Al principio tampoco los vio. Dio media vuelta para dirigirse al dormitorio y entonces oyó un suspiro.

Se inclinó sobre el respaldo del sofá… y ahí estaban. Will estaba tumbado de espaldas, apretado entre el respaldo y las sillas que había puesto para que no se cayera el bebé. Archie no podría caerse. Estaba dormido, tumbado boca abajo sobre el pecho de Will, seguro y protegido con los brazos de Will a su alrededor.

Ninguno de los dos parecía dispuesto a abrir los ojos. Laura se apoyó en los codos y puso la barbilla en las manos, sin prisa por marcharse. Era cierto que tenía otros planes para esa noche y que realmente necesitaba pasar tiempo a solas con él.

Pero ése era el Will de quien se había enamorado. Muchas veces se había preocupado por sus diferencias en el valor de las cosas. Superficialmente, Will vivía para el presente, parecía que no se cansaba de acumular cosas y estaba muy seguro de que el dinero le importaba.

Pero ése era su Will… el hombre que conquistó su corazón desde el principio, incluso roncando y abrazando al bebé. Él no podía saber que estaba haciendo eso. Will no parecía saber que en lo más hondo tenía el instinto de cuidar y amar. Necesitaba amar.



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