Y amaba.

Los dos se enfriarían sin una manta. Laura dio media vuelta y fue a buscar una. Por primera vez desde que Archie apareció en sus vidas, se sentía tranquila. Todo saldría bien. No podría haber una oportunidad mejor para que Will experimentara la alegría de lo que era realmente una familia.

Capítulo Cinco

La señora Apple le abrió la puerta, secándose las manos en un trapo de la cocina.

– Espero que no le importe que lo haya llamado -dijo rápidamente.

– Hizo lo correcto.

Will podía oír de fondo al bebé llorando y sonido de agua. Se sacudió la nieve de los zapatos y se quitó la cazadora.

– No quiero que la señora Stanley se enfade conmigo. Después de todo es mi jefa, y no me gustaba la idea de llamarlo a sus espaldas.

– Laura no se enfadará con usted, porque ninguno de los dos mencionaremos lo de esta llamada. Ha sido una coincidencia que yo pasara por aquí esta tarde, y los dos contaremos esa historia, ¿de acuerdo? -le guiñó un ojo a su cómplice, le quitó el paño de las manos y le puso su abrigo del perchero de la entrada.

– Podría quedarme -se ofreció, sintiéndose culpable-. No hay razón por la que aún no pueda cuidar al bebé. Es por ella por quien estoy preocupada. Y ahora usted tendrá que cuidarlos a los dos y…

– Soy un tipo duro. Confíe en mí. No se preocupe por nada.

Will consiguió que se pusiera el abrigo y la empujó suavemente hacia la puerta.

– He preparado sopa de pollo.

– Eso es un detalle, gracias.

– Y también zumo de naranja natural.

– Gracias también. Y que pase un buen día, señora Apple; esta noche la llamaré para contarle cómo va todo.

Sonrió, le cerró con firmeza la puerta y suspiró.

Will se quitó los zapatos y rápidamente se dirigió hacia el lugar donde se oía al bebé, fijándose de camino en el estado de la casa, que era un caos.



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