
El fuego se encendió, quemándoles la piel, provocando besos descontrolados.
– Te amo -susurró Will-. Te amo -repitió de nuevo mientras su cuerpo entraba, uniéndose completamente al de ella.
Will nunca antes le había dicho esas palabras. Laura siempre se había dicho que no importaba porque ella sabía cómo la trataba, cómo era con ella y que había amor en su corazón. Pero descubrió que sí le importaba. Porque el amor en su voz fue como una flecha directa a su corazón, y las emociones surgieron de ella descontroladas.
Lo que lo asustara antes, había dejado de existir. Will no parecía ya asustado.
Encajaban como una llave en una cerradura. Con un amor tan fuerte, el futuro se solucionaría.
Laura quería creer eso desesperadamente.
Capítulo Siete
– Will, te aseguro que no podría ser más feliz -Laura apartó las cortinas y miró a la calle por décima vez-. Estoy encantada de que mi hermana esté bien y se haya recuperado. ¡Y hace dos meses que no ve a Archie! Estoy deseando verlos juntos de nuevo.
– Sé que te sientes feliz por tu hermana. Pareces algo… inquieta.
Laura no dejaba de moverse de un lado a otro. Y Will notó que tampoco había soltado al bebé en las dos horas anteriores.
– ¡No estoy inquieta! ¡Sólo estoy deseando verla!
– Lo entiendo -dijo Will, dejando el tema.
Todo el día había tenido una extraña sensación, pero quizás Laura estuviera tan feliz como decía.
Will miró todo lo que había en el vestíbulo. La cuna, el parque, pañales, ropa, y la cesta llena de juguetes. Todo esperaba la llegada de Deb.
No quedaba nada excepto los utensilios que el bebé aún necesitaba.
Will se había ocupado de todo durante las últimas semanas.
