El corredor daba una serie de vueltas, y de pronto la joven se encontró en la penumbra. Los sonidos procedentes de la fiesta -las risas, las charlas, el tintineo del cristal- disminuyeron hasta convertirse en un murmullo apagado e indiscernible. Tras volver otra esquina, vio una puerta cerrada. Excelente. Por lo que sabía de las casas de Mayfair, lo más probable era que la habitación fuese una biblioteca o un estudio, y estaba claro que no se utilizaba para la fiesta. Avanzó deprisa, apoyó la oreja en la puerta de madera y a continuación se arrodilló para atisbar por el ojo de la cerradura. Convencida de que la habitación estaba vacía, accionó el pomo de latón, abrió la puerta lo justo para deslizarse a través de ella y luego la cerró.

Se apoyó de espaldas contra la pulida superficie de roble, inspiró con fuerza para tranquilizarse y llevó a cabo una rápida inspección de la habitación, que, como ella suponía, era un estudio. En vista de las paredes forradas de madera oscura y del sofá y las butacas de cuero marrón, de claro aire masculino, no cabía duda de que era dominio de lord Malloran. Fijó la mirada en la ventana del otro lado de la habitación, a través de la cual brillaba el plateado claro de luna. Era la única iluminación de la habitación, y ella se permitió disfrutar de un instante de alivio. La huida la llamaba, a menos de siete metros de distancia.

Sin embargo, cuando estaba a punto de apartarse de la puerta, un ruido la paralizó. El alivio se desvaneció, y la tensión volvió a dominarla. Alex apoyó la oreja en la rendija situada entre la puerta y el marco.

– Ahí está el estudio -dijo una voz baja y profunda-. En él podremos hablar sin que nadie nos interrumpa.

¿Podía empeorar su suerte aquella noche? Impulsada a la acción, Alex cruzó la habitación corriendo. Sin tiempo para escapar por la ventana, se ocultó tras las pesadas cortinas de terciopelo, bendiciendo la oscuridad de la habitación y maldiciendo a la vez su estupidez por vacilar un solo segundo para tomar aliento. Apoyó la espalda en los fríos cristales. Su salida.



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