
Ahora no le servía de nada.
El suave roce de la puerta al abrirse fue seguido unos segundos más tarde por un chasquido al cerrarse. Luego se oyó un chasquido más fuerte que indicó que ahora la puerta estaba cerrada con llave. Se quedó muy quieta y se recordó que a lo largo de los años había salido bien parada de situaciones peores que aquella. Más veces de las que quería rememorar. Solo tienes que mantenerte tranquila, en silencio y paciente, se dijo.
– La fecha y el lugar están decididos.
La joven reconoció de inmediato la bronca voz masculina como la misma que había oído unos segundos atrás a través de la rendija de la puerta.
– ¿Cuándo? -dijo otra voz, un áspero susurro apenas audible.
– En la fiesta de Wexhall, el día veinte.
– ¿Está todo preparado?
– Sí. Creerán que se trata de un trágico accidente. Nadie sospechará.
– Asegúrate de eso -dijo el áspero susurro.
¿Era la auténtica voz de la persona o un intento de disfrazarla? Alex supuso que debía de ser esto último. Nunca sabías cuándo podían oírte por descuido en una casa repleta de invitados y sirvientes. O echadoras de cartas escondidas detrás de las cortinas.
– Nada de errores. No cabe duda de que su muerte dará lugar a investigaciones -añadió.
– No tiene que preocuparse. Ha contratado al mejor.
– Se te pagará como a tal, siempre que todo vaya según lo planeado.
– Así será. Y, hablando de pago… He de cobrar un pico más ahora que todo está preparado, tal como acordamos.
– Me ocuparé de que lo entreguen mañana. No tiene que haber más contacto entre nosotros después de esto.
– Entendido. Ahora tengo que volver a servir bebidas a los señoritos elegantes antes de que me echen en falta.
– Con el dinero que te pago, pronto serás tú el que organice fiestas elegantes.
