Mientras María le enseñaba los armarios y el cuarto de baño, se oyó un golpe en la puerta y un joven entró acarreando las bolsas de Donna. Tras él iba una doncella con una bandeja.

– Algo de comida y un poco de vino -dijo María-. Rinaldo pensó que te apetecería echarte una buena siesta después de un viaje tan agotador.

Hablo con un tono que no daba lugar a dudas: se trataba de una orden, más que de una sugerencia. Era evidente que Rinaldo intentaría disuadir a Toni de su idea de casarse con Donna, mientras ésta dormía. Pero ella no tenía ganas de discutir. Estaba cansada, tenía calor y estaba confusa tras descubrir lo mucho que Toni le había ocultado de su estilo de vida en Italia. Necesitaba tiempo para pensar.

Se duchó, se tomó el tentempié y se acostó en la cama. Despertó al notar los labios de Toni, al que abrazó y sujetó como si fuera la única persona a la que podía aferrarse en un mundo que le era totalmente ajeno.

– Mi dormitorio está justo en el otro extremo de la casa -comentó Toni con una sonrisa-. ¿No es curioso, teniendo en cuenta que ya somos padres de una futura criaturita?

– ¿Se lo has dicho a alguien?

– Todavía no. Estoy esperando el momento adecuado.

– Toni, ¿por qué nunca me has hablado de todas tus anteriores prometidas?

– ¿De todas? -la provocó-. ¡Ni que fuera el Tenorio! -bromeó.

– Según tu hermano, cuatro o cinco.

– Bueno, pero ésas no cuentan. Tú eres la única que cuenta -aseguró.

– No me habías advertido de dónde me estaba metiendo -protestó Donna.

– No te lo tomes tan a la tremenda. Vamos a casarnos, y eso es lo único que importa.

– Me gustaría que habláramos en serio un segundo.

– Si te vas a volver seria, acabaré creyendo que eres tan mala corno Rinaldo -dijo Toni, haciendo pucheros.

– Y ésa es otra: me habías dicho que se alegraría de que te casaras, pero él piensa que sólo voy detrás de tu dinero. Ni siquiera se creería que yo no sabía lo rica que es tu familia. ¿No piensas que también debías haberme comentado algo de eso?



14 из 141