
– ¿Como se lo tomó Rinaldo? -Preguntó Donna-. Tiene pinta de ser el típico hombre al que le entraría un arrebato violento.
– ¡Y tanto! El abuelo decía que nunca había visto a un hombre tan enamorado ni tan furioso. Yo sólo tenía once años, pero me di cuenta de que algo iba mal, porque la rabia de Rinaldo pesaba en el ambiente. Durante un tiempo perdió un poco la cabeza. Tenía un coche muy veloz y conducía pisando el acelerador. Todavía no me explico cómo no tuvo nunca un accidente. Pero de pronto se calmó. Él es así. Nunca pierde el control del todo.
Cuando ve el peligro, se serena y punto.
– La verdad es que la impresión que me estoy llevando de él no es muy buena de momento. Parece un superhombre, o inhumano… lo que sea, pero no humano.
– Es verdad que tiene un gran autocontrol. Cuando decide algo es inexorable -concedió Toni-. Volvió a trabajar y siguió adelante con su vida; pero nadie se atrevía a mencionar el nombre de Selina en su presencia. El día que se enteró de que se había casado con un productor, todos arropamos a Rinaldo, el cual pareció sinceramente afectado. Dos años después se divorciaron y salió en todos los periódicos; pero ninguno de nosotros se atrevió a comentárselo a Rinaldo.
– ¿Entonces? ¿Estará esta noche en calidad de amiga?
– De alguna manera logró irrumpir de nuevo en la vida de Rinaldo y empezaron a verse otra vez. Ella vive en un piso en Via Véneto, el rincón del glamour. ¿No has oído hablar de Via Véneto?
– Claro que sí. ¡La dolce vita! -exclamó Donna con dramatismo.
– Exacto. Yo antes pensaba que era el sitio más increíble del mundo: la vida alegre, el pecado, la fama… Y dinero en abundancia. Justo el sitio indicado para Selina. Rinaldo va a verla a veces, y tengo la impresión de que le paga el alquiler. El productor quebró, Rinaldo la ayuda económicamente y ella, probablemente, le devolverá el favor a su manera. Selina está convencida de que si Rinaldo sigue soltero es porque sigue enamorado de ella.
