– ¿Crees que es cierto?

– ¿Rinaldo? -Toni emitió una sonora carcajada-. En absoluto. La única enseñanza que él sacó de su desengaño con Selina es que no se puede confiar en ninguna mujer y que la mayoría están en venta. Ha tenido a muchas mujeres, pero ninguna le ha llegado al corazón. Rinaldo nunca comete dos veces un mismo error, y jamás perdona.

– Pero sí parece que la ha perdonado.

– Yo no estaría tan seguro…

– Insinúas que se acuesta con ella y que disfruta ¿viendo a Selina intentar atraparlo?

– No me extrañaría. Puede que hasta acabe casándose con ella -comentó Toni.

Cuando Donna se vistió para la cena, se esforzó por estar guapa. No pretendía lograr un milagro, pero sí podría estar elegante. Sonrió al recordar su preocupación por el vestido que se había comprado con sus últimos ahorros. Había pensado que tal vez fuera demasiado vistoso, pero al lado de una actriz de cine, por desconocida que fuera, seguro que no desentonaría.

Le gustó el resultado de sus esfuerzos. El vestido tenía un escote no muy pronunciado y en el cuello lucía un collar de perlas que Toni le había regalado. Se hizo un moño, pero aunque no le disgustaba, no quería resaltar que era mayor que Toni.

– Estás preciosa -le dijo éste cuando fue a buscarla de nuevo a su dormitorio, mientras atravesaban un pasillo-. Pero mañana te compraré un vestido verde oliva.

– ¿Por qué verde oliva? -preguntó sonriente.

– Porque el color te sentara bien. No discutas. Nunca me equivoco con los colores. Y también te compraré unos rubís a juego.

– ¡Tú sueñas!

– No, en serio: un collar de rubís y unos pendientes. Estarás fabulosa.

Antes de que pudiera contestar, Rinaldo apareció, bajó la cabeza con educación y los pasó sin decir palabra; pero Donna se dio cuenta de que había oído las palabras de Toni, y éstas confirmarían las sospechas de Rinaldo.



17 из 141