
– Con tu permiso…
– Denegado. Tú no te convertirás en la esposa de Toni. No te engañes. Ni engañes a mi hermano -de repente le agarró la mano-. Escúchame: si lo que buscas es seguridad, yo te la daré. Puedo pagarte un piso en la zona más lujosa de Roma, joyas, ropa, cualquier cosa que quieras. Tengo amigos que te ofrecerán algún trabajo si quieres ocupar el tiempo libre. Lo único que te pido a cambio es que siempre estés lista para mí.
– Debo de haber oído mal -lo miró horrorizada.
– Yo tampoco termino de creerme lo que estoy diciendo; pero haré cualquier cosa por evitar la tragedia que estás maquinando.
– ¿Y qué pasa con los sentimientos de Toni?, ¿es que no te importan? -Donna liberó su mano.
– Precisamente porque me importan es por lo que voy a impedir este matrimonio.
– Toni y yo somos inseparables -sentenció ella.
– ¡Ni en sueños te lo creas! -Repuso con fiereza-. Y lo sabes. Lo sabes desde el momento que nos encontrarnos por primera vez.
– ¡Serás arrogante!
– No pierdas el tiempo insultándome por algo que no podemos evitar ninguno de los dos.
– Estás equivocado -dijo con firmeza.
– ¿Seguro? -Rinaldo la miró intensamente a los ojos y, acto seguido, le acarició los labios con un dedo.
La sensación la estremeció. Su roce era como la caricia de una pluma, y la hacía temblar de una manera que nunca hasta entonces había experimentado. El mundo entero parecía estar dando vueltas.
– Toni es un niño -dijo Rinaldo con suavidad-. Y tú no eres una niña, sino una mujer. Lo que tú necesitas s un hombre.
– Pero no a ti -respondió con dificultad-. A ti desde luego que no te necesito.
– ¿Por qué no? ¿Por qué rechazar a un hombre que le puede apreciar, para quedarte con un niñito que sólo quiere que le hagas de madre? A Toni se le pasará. Pero nosotros… nosotros jamás podremos olvidarlo.
En medio de tanta confusión, Donna se aferró a un pensamiento: estaba frente a un hombre sin escrúpulos, capaz de hacer cualquier cosa con tal de separarla de su hermano. Aunque para ello tuviera que seducirla él mismo… sin desearla de veras.
