– ¡Claro! ¡Para ti es imposible que una mujer astuta e inteligente se fije en mí sin tener segundas intenciones!

– Me cuesta creérmelo -reconoció Rinaldo-. En tu corta vida, has destacado por muchas cosas: por tus coches, por tus gustos caros, por tus roces con la Ley… Pero nunca por tu inteligencia.

– Piensa lo que te dé la gana. Donna me ama.

– Ama el dinero de tu familia: eso es todo. Ya la has oído esta noche. No tiene familia, no tiene pasado, es tres años mayor que tú. Debes de haberle parecido su oportunidad de oro y la ha aprovechado. Tenías que haber visto su cara mientras examinaba el jardín.

– Tú siempre piensas lo peor de todo el mundo.

– Piensa mal y acertarás.

– Te ha impresionado, ¿verdad? -Preguntó Toni de repente-. Por eso no te gusta.

– No niego que sea inteligente, pero escúchame: vosotros no seréis nunca felices. Sé sensato. Estás haciendo el tonto, pero todavía puedes remediarlo. Me puedo deshacer de ella rápidamente, con discreción.

– ¡Vete a la porra! ¡Deja de intentar manejarme como si fuera una marioneta! -exclamó Toni enfurecido-. Siempre igual: Toni, haz esto; Toni, haz lo otro. Nunca me has dejado respirar.

– No está mal que uno de los dos tenga un poco de sentido de la responsabilidad -replicó Rinaldo-. De no ser por mí, tu vida sería un desastre a estas alturas. Le prometí a tu madre que te cuidaría y esa promesa es sagrada para mí.

– No metas a mamá en esto -gritó Toni, como si le hubieran tocado su fibra más sensible-. Respeta su memoria y déjala fuera de tus sucios tejemanejes.

– Tengo que hablar de ella -insistió Rinaldo-. Ella fue la que hizo de esta familia una verdadera familia; la que protegió a sus hijos de todos los peligros. ¿Qué diría ella ahora si viera cómo quieres arruinar tu vida?

– ¡Ella sabría que no estoy arruinando mi vida, sino que la estoy salvando! -gritó Toni, como dándose ánimos -. Ella se alegraría por mí y diría que estoy haciendo lo correcto… ¡porque un hombre debe casarse con la madre de su hijo! -añadió desquiciado.



30 из 141