Las palabras quedaron flotando en el terrible silencio que prosiguió a tal declaración.

– ¿Te he entendido bien? -preguntó por fin Rinaldo en tono amenazante.

– Donna está embarazada, sí -la voz se le quebró un poco.

Donna aguardaba la reacción de Rinaldo con expectación.

– ¡Serás estúpido! -Exclamó por fin, golpeando la piedra de la fuente con un puño-. ¿Cómo puedes ser tan inocente? ¿Te ha engañado con ese truco tan viejo? Creía que eras más listo. No creerás que el hijo sea tuyo, ¿verdad? ¿Cuánto tiempo necesitó tu angélica Madonna para quedarse embarazada?

– Bue… bueno… fue casi a la primera; pero…

– ¡Lógico! No quiso perder más tiempo después de seducirte para meterse en tu cama.

– Ella no me… sedujo -Toni la defendía a duras penas-. Casi tuve que suplicarle para…

– ¡Pero bueno! ¡Hasta fingió que se acostaba contigo de mala gana! ¡Santo cielo! ¡Es peor de lo que pensaba! ¡La había subestimado!

– ¡Y tanto que me has subestimado! -intervino Donna.

Los dos hermanos se giraron hacia las escaleras, donde encontraron a Donna con expresión iracunda. Fue hacia ellos a todo correr para enfrentarse a Rinaldo, demasiada furiosa como para tenerle miedo.

– Toni es el padre de mi hijo -gritó-. Y eso es verdad, por mucho que intentes ensuciarlo.

– Debería haber imaginado que andarías espiando por todos los rincones de casa -dijo Rinaldo con desprecio.

– No era mi intención. Bajé a tomar un poco de aire fresco, y ahora me alegro de haberlo hecho. Creo que eres el diablo en persona. No sabes nada de mí, pero das por sentado lo peor porque prefieres creer lo peor de todas las personas. Sí, me acosté con Toni. Porque lo amo. Y vamos a tener a nuestro hijo. Y no puedes hacer nada por evitarlo.

Envalentonado por la actitud de Donna, Toni se había puesto junto a ella, pasándole un brazo sobre los hombros.



31 из 141