– Sí, lo había supuesto -respondió tímidamente-, os parecéis mucho.

– Sólo en apariencia, signorina -advirtió Rinaldo-. Nuestro carácter es muy diferente: Toni es un entusiasta y va disfrutando por la vida sin pensar en los riesgos de ésta, motivo por el cual se mete en líos de vez en cuando. Yo soy todo lo contrario: nada ni nadie puede pillarme desprevenido.

Donna no estaba segura de qué esperaría Rinaldo que contestara a aquello. Lo único que sabía con certeza era que no estaba de humor para dar la bienvenida a nadie.

– Soy Donna Easton -dijo ésta extendiendo una mano-. Supongo que Toni te habrá hablado de mí…

– Toni me lo ha contado todo sobre ti -confirmó él, estrechándole la mano fugazmente-. De hecho, me ha contado mucho más de lo que él se piensa.

– ¿Qué quieres decir?

– ¿No lo sabes? Bueno, no importa de momento. Estás aquí como la prometida de mi hermano y, por supuesto, te doy la bienvenida a nuestra casa -dijo con más ironía que calidez.

– Agradezco en extremo tu hospitalidad -Donna le respondió con la misma moneda-. Tenía entendido que los italianos eran famosos por lo amables que eran con sus invitados. Ya veo que es verdad.

– No tan amables… -contestó Rinaldo sorprendido después de reaccionar-…pues es evidente que mi hermano te ha dejado sola.

– No tengo ninguna queja sobre el comportamiento de tu hermano hacia mí -aseguró con firmeza-. Él siempre me trata bien.

– De eso estoy seguro. Toni es muy generoso. No siempre con las personas que debería, pero es muy generoso -afirmó Rinaldo con un tono que hizo a Donna sentirse incómoda.

– Toni me ha hablado mucho de ti -comentó ella-. Dice que tenías muchas ganas de que se casara y él parecía convencido de que tú estarías encantado con nuestro matrimonio.

– Toni siempre ha creído lo que le ha dado la gana. Siempre que trae a una prometida a casa, está convencido de que estaré encantado con ella.



9 из 141