
– ¿Por qué no volviste si lo echabas tanto de menos? -dijo ligeramente molesto porque le espantaba la idea de que Ellie hubiese sido desgraciada.
– Lo pensé muchas veces, pero sabía que si lo hacía, acabaría trabajando en la ciudad como Lizzy, y eso era peor. Yo quería estar en el campo.
«Contigo», añadió mentalmente, consciente de que era algo que no podría decirle nunca.
– Pero, ¿no podías volver a casa?, no eres ninguna inútil -dijo Jack desconcertado-, puedes hacer muchas cosas en la finca.
– Podría haberlo hecho, pero mamá y papá se jubilaron el año pasado. Siguen viviendo en la finca, pero no hay mucho sitio en su casa nueva y, aunque me podría haber quedado con Kevin y Sue, creo que no es justo tenerme siempre dando vueltas a su alrededor. Está bien venir de visita, pero ahora es su casa, no la mía.
Jack, preocupado, se giró sobre la silla.
– ¿Qué vas a hacer?
– No estoy segura -Ellie se encogió de hombros e intentó sonreir-. Lo ideal sería encontrar un trabajo aquí, pero no hay muchas oportunidades en Mathison. Sería distinto si pudiese hacer algo útil, como pilotar un helicóptero, pero no puedo -suspiró-. Podría trabajar en el campo, supongo, pero son trabajos temporales, y nunca tendría un hogar.
– No es justo. Ya sé que a Lizzy le faltó tiempo para irse a la ciudad, pero en tu caso es distinto. ¿No podías haber llevado la finca con Kevin?
– No desde que se casó con Sue. Sue es fantástica y siempre está dispuesta a acogerme, pero la tierra es suya y deben llevarla a su manera.
– Sigo pensando que es injusto -dijo Jack con obstinación.
Ellie sonrió levemente.
– Las cosas son como son, Jack. Creo que papá siempre se imaginó que Lizzy y yo nos casaríamos con alguien que tuviese sus propias tierras.
