
Jack hizo un repaso mental de todos los posibles candidatos del distrito. Podía pensar en algunos, pero ninguno estaba a la altura de Ellie.
– Todavía estás a tiempo -dijo Jack, aunque la idea le produjo cierto desasosiego.
Ella tenía la mirada clavada en la cabeza del caballo.
– A lo mejor -dijo con una sonrisa forzada.
Cabalgaron un rato en silencio, hasta que llegaron a un lugar donde el agua se había almacenado en una profunda poza entre los árboles.
– Vamos a descansar un poco -dijo Jack.
Ató los caballos en una sombra. Ellie se sentó sobre una roca. Se quitó el sombrero y se pasó los dedos por el pelo con un suspiro de satisfacción. La poza, lejos del calor de la meseta, parecía un lugar casi mágico. Sin embargo, la tranquilidad del ambiente no afectaba a Jack. Iba de un lado para otro por el borde del agua, de vez en cuando tiraba una piedra para calcular la profundidad.
– Podría enseñar a nadar a Alice aquí -dijo mientras metía la mano en el agua-, me recuerda la poza de casa. De niños nos pasábamos el día a remojo.
– Ya me acuerdo, me encantaban las visitas a Bushman's Creek.
– Nos lo pasábamos bien, ¿verdad? -recordó él con una sonrisa nostálgica-. Quiero que cuando Alice crezca tenga unos recuerdos parecidos.
– Los tendrá, Jack.
– ¿Y si está sola? -la preocupación había vuelto a los ojos de Jack, quien se sentó al lado de Ellie-. Tú tuviste a Lizzy y a Kevin, y yo tuve a Gray. Pero Alice no tiene a nadie con quien jugar -su mirada estaba perdida en la profundidad de la poza-. Waverley Creek tiene muchos inconvenientes, pero me parece la finca apropiada. De lo único que no estoy seguro es de si lo será para Alice.
Ellie era consciente de la proximidad de Jack y de que para él no significaba nada que sus muslos se rozaran, ni que sus hombros se tocaran solo con moverse un poco. Estaba preocupado con cuestiones más importantes,como, por ejemplo, el futuro de su hija.
