
Ellie se levantó y se dirigió al borde del agua para no apremiar a Jack.
– Quiero quedarme en el campo, sencillamente.
– ¿Para estar cerca de ese hombre del que estás tan enamorada?
– En parte, sí; y, en parte, porque quiero echar raíces. No quiero trabajar en la ciudad y venir de vez en cuando. Si me casara contigo podría ayudarte a conseguir que Waverley Creek volviese a ser una gran finca -Jack no parecía muy convencido y ella siguió antes de que pudiera tirar por tierra sus ilusiones-. Piénsatelo, Jack. Es posible que un matrimonio de conveniencia no sea lo que deseemos, pero podría funcionar. Sé lo que sientes por Pippa. No tendrías que fingir conmigo, y yo… no esperaría nada que no pudieses darme -Ellie intentó sonreir- ¡Conseguirías estabilidad para Alice y una ama de llaves gratis y fija!
– Y tú… ¿qué conseguirías?
– Estabilidad. No tengo dinero, Jack. Nunca podría comprar y llevar una finca propia; y tampoco tengo otra preparación para ganarme la vida. La única forma que tengo de quedarme en el campo es trabajar asalariada o… casarme.
Jack meneó la cabeza para alejar la sensación de irrealidad. Era increíble estar al borde de una poza discutiendo tranquilamente de matrimonio con la pequeña Ellie Walker. Ellie debía de ser muy infeliz para pensar siquiera en una idea así.
– Ellie -dijo Jack tomándola de la mano-, eres joven, demasiado joven como para casarte con un hombre al que no quieres. Acabarás encontrando a alguien.
– No, Jack. Solo habrá un hombre para mí.
– Pareces estar muy segura de que él no te quiere -dijo Jack midiendo sus palabras-. ¿Y si cambiase de parecer?
– No lo hará -Ellie sonrió con tristeza-. Ya he desperdiciado bastante tiempo con la esperanza de que algún día se fijara en mí y se enamorara, pero creo que ya hay que afrontar la realidad -Ellie miró a otro lado para que Jack no descubriese la verdad en su rostro-. He aceptado las cosas como son, pero también sé que no sería feliz lejos de él. Si me casara contigo, por lo menos podría estar cerca de él.
