
Ellie tenía una sensación de cansancio agradable y no le importaba salir con Alice al porche y sentarse un rato. Jack había llevado unas silla de lona y una mesa nueva donde comían o tomaban una cerveza después del trabajo. Estaba deseando descansar un rato. Dejó a Alice en el suelo y le dio un juguete. A Jack le gustaba estar con su hija siempre que fuese posible y, como últimamente había pasado todo el tiempo en Waverley Creek, Ellie había llegado a conocerla bien y estaba a punto de perder la cabeza por ella.
Esos dos meses pasados habían sido mágicos para Ellie. Había sido maravilloso estar en casa, haciendo algo útil que, aunque resultaba agotador, era muy gratificante. Además, estaba Jack. A Ellie no le importaba la dureza del trabajo si al final del día se podía sentar en el porche con él y charlar un rato. Eran amigos, mejores amigos que antes, pero nada más que amigos. Kevin y Sue comentaban la cantidad de tiempo que pasaban juntos, pero aunque se habían tenido que quedar un par de veces a dormir en la finca, él la había tratado como a una hermana. Jack no había vuelto a mencionar el matrimonio y ella tampoco se atrevía a hacerlo por temor a que hubiese cambiado de idea. No quería ni imaginarse qué pasaría si fuese así. Significaría no volver a Waverley Creek y no volver a ver a Alice, ni a Jack. Rechazaba pensar en el futuro, se conformaba con ver a Jack cuando fuese posible, con almacenar recuerdos.
– Toma.
Se levantó en cuanto apareció con unas cervezas bien frías. Le ofreció una y se agachó para dar un refresco a Alice en su taza especial. Luego, Jack sonrió y se apoyó en la barandilla del porche mirando a Ellie.
– Por ti, Ellie -dijo levantando el vaso-. Gracias.
– ¿Por qué? -lo miró sorprendida.
– Por todo. ¿Crees que no me he dado cuenta de lo que has trabajado durante estos meses? -miró a su alrededor-. Cuando esté terminado será un sitio precioso. Si estoy aquí, es gracias a ti. No me podía imaginar venirme a vivir aquí.
