Jack había notado el anhelo en los ojos de Ellie y sabía perfectamente lo que pensaba. Para ella tenía que resultar muy difícil ver a dos personas que se querían sin disimulo. A pesar de todo, no podía evitar sentirse susceptible e irritable, como llevaba sintiéndose desde que ella había salido del coche con ese vestido rojo.

Jack sabía que su mal humor no era culpa de Ellie, pero por algún motivo lo sentía como si lo fuese, y no mejoraba las cosas acunando a su hija entre los brazos y pensando en otro hombre. Cuando notó que ella lo miraba, se dio la vuelta para vigilar las chuletas.

– ¡Hola, Ellie! -en la sonrisa de Gray se mezclaban la sorpresa y la alegría-. No te veo desde hace años, ¡estás guapísima! -Gray se acercó para darle un abrazo.

Jack seguía dando vueltas a las chuletas, no quería que Ellie estuviera de ninguna forma. Quería que siguiera como siempre. Por el rabillo del ojo vio cómo ella le devolvía el abrazo. Él también podría haberla abrazado así de no haber sido por el vestido rojo.

– Siento haberme perdido tu boda, Gray. Creo que ahora te mereces más enhorabuenas… -dijo con una sonrisa arrebatadora.

¿Dónde había aprendido eso trucos femeninos?, se preguntaba amargamente Jack. ¡ Se ponía un vestido y se convertía en Mata Hari! ¿Dónde estaba la Ellie que se arrastraba por el suelo arrancando matojos y pintaba paredes sin preocuparse por su aspecto?

– Se lo estaba contando a Jack. Aunque él solo pensaba en que salieras y lo rescataras.

Ellie lanzó una mirada a Jack. Pero no daba la sensación que él esperara que ella lo rescatara de nada. Parecía como si estuviese deseando que se fuese lo antes posible. Se volvió hacia Gray y Clare.

– Me alegro mucho por vosotros. Alice agradecerá mucho tener un primo. ¿Verdad? -pellizcó la nariz de Alice.



43 из 117