– ¡Gih! -dijo Alice, y sonó tan claramente como un «¡sí!» que todos se rieron.

Era el día de Alice. Era muy joven y no se daba cuenta de que cumplía años, pero sabía que los cuatro mayores que estaban a su alrededor se hallaban pendientes de ella. El mal humor de Jack desapareció en cuanto se fijó en Alice. Era imposible resistirse a sus miradas y a sus juegos. Él haría lo que fuese por ella. Era el motivo por el que iba a casarse con Ellie. ¿Qué importaba si ella estaba enamorada de otro si, al fin y al cabo, se iba a quedar por Alice? Miró de soslayo a Ellie. Estaba sentada tranquilamente, se reía con las gracias de Alice y estaba radiante con su vestido rojo. Sintió un vuelco en el corazón.

Más tarde, cuando Alice se había dormido, acompañó a Ellie hasta el coche.

– Siento no haberte servido de mucha compañía -dijo para romper el silencio.

– No importa. Comprendo que estuvieses pensando en Pippa. Ha debido ser un día difícil para ti.

– No ha sido eso -dijo con sinceridad-. Desde luego que he pensado en ella, pero… no sé que ha pasado -confesó con un suspiro-. Será que hay que hacerse a la idea -miró a Ellie y le dio la sensación de que a pesar de conocerse tanto había algo oculto en ella. Siempre había pensado que Ellie era clara y diáfana, pero cuanto más la conocía, más misteriosa le parecía-. En cualquier caso, hemos pasado el primer obstáculo -dijo intentando darle un tono más ligero a la conversación-. No es que estuviera deseando contárselo a Clare, pero parece que lo acepta. Solo falta convencer a tu familia. ¿Se lo has dicho?

– Sí.

– ¿Cómo lo han tomado?

– Mamá está encantada y ya está haciendo planes para la boda. Papá no habla mucho, pero creo que está contento. Kevin y Sue también están felices, creo que fue un alivio saber que no pensaba quedarme con ellos para siempre.



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