
– ¿Y Lizzy?
– Sospecha algo -reconoció- Sabe lo que sientes por Pippa, y me conoce. Adivinó la verdad enseguida.
Jack la miró.
– ¿La verdad?
– Que tú solo quieres una madre para Alice.
– ¿También adivinó tu verdad?
Ellie miró a otro lado.
– Ella cree que yo haría cualquier cosa por quedarme en el campo. No dije nada más.
– Entonces, ¿reconociste que había adivinado la verdad?
– No -Ellie se encogió de hombros como queriendo quitarse un peso de encima-. No me gusta mentir a Lizzy, pero sabes lo romántica que se pone con el matrimonio. Cree que solo te debes casar si estás locamente enamorada y todo es perfecto. Tuve que fingir que esa era nuestra situación.
Jack se apoyó en el coche y cruzó los brazos.
– ¿Te creyó?
– No estoy segura. Creo que no, no del todo. Claro, preguntó cuándo había pasado todo y yo dije que nos habíamos conocido mejor mientras te ayudaba con Waverley, pero me parece que no la convencí. ¡Quería saber todos los detalles!
Jack se podía imaginar la reacción de Lizzy ante la cautela de Ellie.
– ¿Qué tipo de detalles? -preguntó con picardía.
– Te los puedes imaginar -Ellie fijó la mirada en la puerta del coche-. Cómo nos enamoramos, cuándo nos dimos el primer beso, qué sentí… Ese tipo de cosas.
– ¿Qué dijiste?
Ella se atrevió a dirigirle una mirada y comprobó que los ojos le brillaban con una sonrisa oculta. Para él era muy fácil verlo como algo gracioso, pensó con resentimiento. No había estado una hora hablando con Lizzy por teléfono, oyendo preguntas a las que no podía responder.
– ¿Sobre qué? -preguntó furiosa.
– Sobre nuestro primer beso.
– Que fue maravilloso, faltaría más. No iba a decirle que no te he besado, ¿verdad?
– No, si quieres que crea que estamos apasionadamente enamorados.
– Me dijo que pensaba venir el próximo fin de semana para verlo con sus propios ojos. Ya ha dicho a mamá y a papá que hay que ir pensando en una fiesta de compromiso. Intenté explicarles que estamos muy ocupados con Waverley, pero creo que fue una pérdida de tiempo: ya están muy ocupados invitando a media provincia. Que a ellos les gusten las fiestas no quiere decir que a mí me gusten. ¿Por qué no pueden dejarnos en paz?
