
– Pobre Ellie -no pudo evitar reírse al ver su expresión-. Solo quieren que sea algo especial para ti. No será para tanto.
– Sí lo será. Será espantoso. No podré estar tranquila ni un minuto. Irá todo el mundo, y Lizzy nos analizará con microscopio para saber si estamos enamorados o no.
– Tendremos que estar preparados para hacer una representación convincente, ¿no?
– Y eso, ¿cómo se hace? -preguntó, preocupada todavía por el lío de la fiesta.
– Bueno… -Jack fingió meditar sobre el asunto-. Podríamos besarnos -sugirió como sin darle importancia.
– ¿Be… besarnos?
– Suele pasar en las fiestas de compromiso.
– Lo sé… pero.
– No hay inconveniente, ¿verdad?
– No, no… claro… Por lo menos… -era incapaz de explicar a Jack por qué la idea de besarlo la desconcertaba tanto.
– Si lo hay, quizá deberíamos practicar ahora -dijo Jack como si hubiese caído en la cuenta de algo.
– ¿Practicar…?
– En la fiesta tendré que besarte, y en la boda. Estaba pensando que a lo mejor era una buena idea besarte ahora para que no pareciese que nos dábamos el primer beso ese día. ¿A ti qué te parece?
Todo parecía normal y corriente, como si fuese un apretón de manos. La cara de Jack no decía nada, pero las arrugas de los ojos y las comisuras de los labios lo delataban. En ese momento Ellie no sabía si lo quería o lo odiaba por encontrar tan divertida la idea de besarla.
– No sé… -dijo envaradamente.
– Por lo menos, si alguien vuelve a preguntarte por el primer beso, podrás decir algo. No lo haré si tú no quieres.
El corazón de Ellie latía lenta y dolorosamente y su garganta estaba tan seca que apenas podía respirar. Miró a Jack con recelo, tenía miedo a que, después de todo, estuviese burlándose de ella. Estaba deseando besarlo, pero también temía lo que podría revelar si lo hacía. Antes de que respondiera, Jack hizo ademán de alejarse.
