– No -dijo ella involuntariamente. Él se paró y levantó las cejas. Había anhelado ese momento durante años. ¿Iba a dejarlo escapar?-. Quiero decir… creo que tienes razón. A lo mejor es una buena idea.

Lo era, pensó ella. Si tenía que hacer el ridículo, era preferible hacerlo sola con Jack en Bushman's Creek que en una fiesta delante de media provincia.

– Sí.

La mirada burlona desapareció de sus ojos. Las palabras de Ellie le habían sonado familiares, la torpeza al hablar sobre la idea del beso le recordó que era la misma Ellie de siempre, no una desconocida con un vestido rojo.

Sin embargo, a la hora de besarla su superioridad se había desvanecido. Se sentía absurdamente nervioso. Había besado a muchas mujeres, pero no como Ellie. Ellie era diferente.

La agarró por la cintura vacilando, como si fuese la primera vez que besaba a una mujer. Podía sentir el calor de su cuerpo y cómo su suave vestido permitía sentir la delicadeza de su piel.

Ellie estaba temblando. El corazón se le salía del pecho, parecía como si sus piernas hubiesen desaparecido, como si lo único que la mantuviesen en pie fuesen la manos de Jack.

Tenía que ayudarlo. Haciendo un gran esfuerzo intentó no perder la calma. Para Jack tenía que ser muy difícil besarla. Había notado sus dudas y sabía que estaría pensando en Pippa, la única mujer a la que quería besar.

Respiró hondo y puso las manos sobre los hombros de Jack. La suave camisa cubría unos músculos poderosos. Lo había amado por su encanto irresistible, por una vaga sensación de peligro que nacía de su buen humor y amabilidad, por la calidez de sus ojos y su sonrisa que lo iluminaba todo, pero en ese momento solo sentía al hombre.



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