
Quería deslizar sus manos por debajo de la camisa, sentir la dureza de su cuerpo y dejarse atrapar por su fuerza. El deseo físico la dominaba, sentía vértigo y el temor a sucumbir hizo que quisiese apartarse, pero Jack la atrajo hacia sí y, en ese momento, desapareció la última esperanza de resistencia.
Con un brazo la rodeaba y con la otra mano separó el pelo de su rostro antes de deslizaría por el cuello. Ellie no se movía, simplemente temblaba cada vez que un dedo acariciaba su mejilla. Sabía que estaba perdida.
– Mírame, Ellie -dijo Jack con una voz tan profunda que pareció atravesarla.
Lentamente y sin ofrecer resistencia, Ellie levantó los ojos. Jack la miraba con una expresión impenetrable, pero acariciaba su pelo y la sujetaba firmemente. La larga espera terminó, Jack inclinó la cabeza y la besó, fue un beso muy ligero, pero sentir aquellos labios hizo que jadeara y que sus dedos se aferraran a la camisa. Cuando Jack se separó, casi inmediatamente, tuvo que reprimir un grito de queja.
Así que eso era todo. Ellie sintió una decepción terrible. Abrió los ojos, pero no le salían las palabras. No conocía ningún truco para hacerle saber cuánto deseaba que la volviera a besar. Solo podía mirarlo atontada.
Jack se proponía dejarla marchar. En realidad ella no quería besarlo. Un leve beso había sido suficiente.
Pero la dulzura de sus labios lo había pillado desprevenido y, en vez de dejarla marchar, como pretendía, bajó las manos y la abrazó con más fuerza. Antes de saber lo que estaba pasando se encontró que la besaba como una chica vestida de rojo merece que la besen.
Una mezcla de placer y tranquilidad se apoderó de Ellie. Y se fundió con él, sin temor a entregarse, sin temor a las complicaciones, sin pensar en nada que no fuese Jack y la maravillosa sensación de estar entre sus brazos. Acariciaba su cuello abandonada a un dulce placer que recorría todas sus venas. La boca de Jack la embriagaba y la fuerza de su brazo la dominaba.
