Ellie, consciente de lo poco atractiva que parecía al lado de su hermana, cambió de conversación enseguida.

– Lizzy me ha contado que Gray se ha casado -dijo un poco bruscamente-. Siento haberme perdido la boda.

– Yo también -dijo Jack ante su sorpresa. No se podía imaginar que no hubiese estado en la boda de su hermano.

– ¿No fuiste?

Él negó con la cabeza.

– ¿Por qué, dónde estabas?

Hubo un silencio. Jack miró a Lizzy, pero cuando se disponía a contestar, el ruido de un intercomunicador rompió el tenso silencio; y lo que era más increíble de todo: al ruido le siguió un balbuceo.

Ellie miró a su alrededor sin entender nada. Era tan improbable oír ese sonido en la cocina de un soltero en Bushman's Creek, que no podía evitar pensar que se lo había imaginado.

– ¿Habéis oído eso? -preguntó desconcertada-. ¡Parecía un bebé!

Lizzy y Jack sonrieron.

– Es un bebé -dijo Lizzy señalando al intercomunicador que estaba sobre la encimera- Es Alice.

Ellie miró a su hermana dándole vueltas a todo tipo de posibilidades disparatadas.

– ¿Tienes un hijo? -preguntó con mucha cautela.

Lizzy se rio al ver su expresión.

– No te preocupes, no es mío; ¡aunque no me importaría que lo fuese, es tan maravillosa!

– No dices lo mismo cuando intentas darle de comer -dijo Jack.

Incluso en medio de tanta sorpresa, Ellie no pudo evitar la conocida sensación de envidia al ver la afectuosa mirada que se cruzaron. Jack y Lizzy eran de la misma edad y siempre habían sido muy buenos amigos.

– Entonces, ¿de dónde ha salido? -preguntó tajantemente-. No creo que sea de Gray.

Lizzy negó con la cabeza y a Ellie la pilló desprevenida lo que oyó.

– Es mía -dijo Jack.

Se hizo un silencio eterno en el que tan solo se oía el tictac de un reloj. Los ojos de Ellie pasaron de su hermana a Jack.

«No ha dicho lo que creo haber oído», se dijo desesperada. «Está bromeando». Esperaba que hiciera una mueca burlona; esperaba, contra toda esperanza, que se riera y que dijera que no iba en serio, que él no tenía una hija.



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