
– ¿PNF?
– Facilitación neuromuscular…
– Déjalo. Hablemos de tu falta de entrenamiento en cuanto al sexo.
– Parece que hoy estás un poquito más animado -dijo ella. Y eso animó su espíritu como nada.
La cosa era que si podía engañarla a ella, podía engañar a sus hermanos. Incluso podría engañarse a sí mismo.
– ¿Necesitas un título en terapia física para dar masajes?
– Lo necesito para poner mis manos sobre hombres desnudos. ¿Para qué si no?
Fox vio a su hermano haciéndole señas frenéticamente, pero no le hizo caso. Estaba pendiente de ella.
No le gustaba exactamente. No podía gustarle porque ninguna mujer lo atraía últimamente. Además, las mujeres que le gustaban tenían pecho y trasero. Ella no tenía nada de eso, pero… maldición.
¿Quién iba a pensar que sonreiría cuando él había querido insultarla?
– Creo que podrías poner tus manos sobre muchos hombres desnudos sin tener que molestar a uno que no está interesado.
– Qué razón tienes. Hacer que los hombres se desnuden es increíblemente fácil. Por otro lado, los hombres fáciles no me han gustado nunca. No son un reto.
– ¿Un reto para ti es entrar en casa de un hombre que no te ha invitado?
Phoebe debería haberse defendido. Pero sólo dijo:
– Normalmente, no. Pero estoy haciendo una excepción porque tú eres tan adorable… seguramente me saltaría las reglas con tal de meterte mano. ¿Qué puedo decir? Me pones, guapito.
Fox se quedó sin habla. Y a él nadie, pero nadie, lo dejaba sin habla.
– No te creo.
– ¿Por qué?
– Porque tú no eres promiscua.
Ni idea de por qué se le había escapado un comentario tan personal. Además, no la conocía de nada. A pesar de esa boca lujuriosa y esas botas de tacón, no le parecía una chica fácil. Bajo aquella apariencia de seguridad, había algo muy vulnerable en ella.
