
– ¡No puedo hacer eso! Martine me despediría en el acto si me viera sentada.
– De acuerdo. Entonces, vamos fuera.
– No sé si…
– Venga, sólo cinco minutos -insistió Simon, tomándola del brazo-. Creo que le sentaría muy bien a tus pies.
– Hay una mesa al lado de la piscina -cedió Polly por fin, sin poder resistirse-. Supongo que allí no nos verá nadie.
– Martine Sterne no es tan mala, ¿verdad?
– ¡Lo es! -exclamó ella, sintiéndose aliviada al ver que Martine estaba hablando con un famoso actor-. Tienes que prometerme que si alguien se da cuenta dirás que todo esto ha sido idea tuya.
– No se darán cuenta -replicó Simon con amargura-. Están todos tan ocupados felicitándose por ser tan guapos, que no se darían cuenta si nos desnudáramos y nos pusiéramos a bailar el cancán. ¡Vamos!
Capítulo 2
POR FIN, qué gusto! -exclamó Polly, dejando la bandeja en una silla, cuando se sentó al lado de Simon.
Él la contempló quitarse los zapatos y levantar las piernas para descansarlas encima de la mesa.
– ¿Por qué siempre haces que todo resulte tan complicado? -preguntó él, algo molesto por la maniobra que ella había ideado para que nadie les viera salir juntos al jardín-. Cualquier persona sensata que hubiera sabido que iba a estar sirviendo bebidas toda la tarde, se habría puesto unos zapatos más cómodos.
– Lo sé, pero pensé que podrían mejorar algo el aspecto de este ridículo uniforme -explicó ella, quitándose la cofia para abanicarse con ella.
Simon la miró. Tenía el pelo más rubio de lo que él recordaba. Al quitarse la cofia vio que lo llevaba recogido de mala manera, con unos cuantos mechones sueltos. Siempre había algo de desaliñado en el aspecto de Polly, por mucho que ella se esforzara en tener buena presencia. Incluso aquella blusa blanca tenía un aspecto algo arrugado e incluso sexy…
