
Mientras Maybridge desaparecía tras una cortina de fina lluvia helada propia de cualquier tarde de finales del mes de noviembre, me acomodé con un bocadillo de queso en una mano y la revista femenina GH la otra.
Descubre si eres una «tigresa» o una «gatita», anunciaba la portada. Yo no necesitaba cumplimentar un cuestionario para saber la respuesta. Tenía casi veintitrés años, una madre que me trataba como si tuviera cinco y un novio que no daba rienda suelta a su libido. Así que tenia que ser una «gatita», ¿no? Pues no. Una vez cumplimentada la tanda de preguntas, descubrí que había sido demasiado optimista. Yo era una «ratoncita» y me salvaba por los pelos de ser una «ostra». Eso explicaba por qué me iba a Londres cuando lo que deseaba de veras era permanecer en Maybridge. Eso explicaba por qué mi novio siempre anteponía a su madre. Y también explicaba por qué me iba a pasar el día de Navidad con la tía abuela Alice, en vez de disfrutar de una tórrida noche de pasión con Don. Se me manejaba con facilidad. Era muy poco exigente. Mis expectativas de futuro se arrastraban por los suelos. Fui a morder el bocadillo de queso, pero me contuve, horrorizada: el queso era el plato favorito de la especie ratonil. Tendría que haber elegido un bocadillo de carne asada con mucho picante. Pero como «ratoncita» que era, me encantaba el queso. Debería llevar unos vaqueros de marca y tacones de aguja, en vez de unos cómodos pantalones de algodón que habían pertenecido a alguno de mis hermanos y unas zapatillas deportivas de saldo. Al fin y al cabo, estaba ahorrando para casarme, ¿no?
Puede que nunca llegara a ser una «tigresa», pero al menos podría aspirar a ser una «gatita» en vez de una «ratoncita». Se me ocurrió que, quizá en Londres, donde nadie me conocía, podría emprender algún tipo de cambio. Tenía que enfrentarme a los hechos. Comportarme como una «ratoncita» no había servido para animar a Don a soltarse de las faldas de su madre y pedirme en matrimonio. A lo mejor mi madre tenía razón. Era posible que una temporada de separación nos hiciera bien a ambos.
