Sin embargo, Barbara pertenecía a un mundo muy distinto del suyo.

– ¡Hannah! -Exclamó mientras el rubor se extendía por su cuello, por sus mejillas y por su frente hasta desaparecer por debajo del nacimiento del pelo-. ¡Eres de lo que no hay! Lo has dicho para escandalizarme, y la verdad es que lo has conseguido. Casi me ha dado un pasmo. Ponte seria.

Hannah enarcó las cejas.

– Estoy hablando en serio -le aseguró-. He tenido un marido que ya no está. Jamás podré reemplazarlo. He tenido acompañantes cuya presencia siempre me ha resultado agradable, pero ese arreglo no me acaba de satisfacer. Todos me parecen demasiado fraternales. Necesito alguien nuevo, alguien que añada un poco de… ¡no sé, un poco de sal y pimienta a mi vida! Necesito un amante.

– Lo que necesitas es alguien a quien amar -la corrigió su amiga con voz ya más firme-. De forma romántica, me refiero. Alguien de quien te enamores. Alguien con quien te cases y con quien tengas hijos. Sé que amabas al duque, Hannah, pero eso no era… -Guardó silencio y volvió a ruborizarse.

– ¿Un amor romántico? -dijo Hannah, que completó la frase por ella-. Babs, de todas formas duele. Perderlo, quiero decir. Aquí. -Se colocó una mano bajo el pecho-. Además, el amor romántico me sirvió de bien poco antes de conocerlo a él, ¿verdad?

– Solo eras una niña -le recordó Barbara-. Y lo que pasó no fue culpa tuya. El amor llegará a su debido tiempo.

– Es posible. -Hannah se encogió de hombros-. Pero no tengo la intención de esperar a que aparezca. Y tampoco tengo la intención de buscarlo desesperada para acabar convenciéndome de que lo he encontrado y descubrirme atrapada en otro matrimonio cuando acabo de librarme de uno. Soy libre, y voy a seguir siéndolo hasta que decida dejar de serlo, lo que tal vez no suceda hasta dentro de muchísimo tiempo. Tal vez no suceda nunca. La viudez tiene sus ventajas, ¿sabes?



10 из 329