– La dama a quien quiero que investigues es la señorita Elizabeth Matthews.

Miles arqueó las cejas.

– ¿La sobrina americana de lady Penbroke?

Austin intentó mostrar una indiferencia que no sentía.

– ¿La conoces?

– He coincidido con ella en varias ocasiones. A diferencia de algunos insociales que todos conocemos, yo he asistido a varios bailes esta temporada…, bailes a los que también asistieron lady Penbroke y la señorita Matthews. ¿Quieres que te la presente?

– Nos hemos conocido hace un rato, en el jardín.

– Ah. -Aunque una docena de interrogantes brillaron en los ojos de Miles, se limitó a preguntar-: ¿Qué quieres saber sobre ella?

Austin quería saberlo todo sobre ella.

– Puesto que ya la conoces, dime qué impresión te causó.

Miles se tomó tiempo para contestar, arrellanándose en un mullido sillón de orejas al calor del fuego y removiendo su copa de brandy con tal parsimonia que a Austin le rechinaban los dientes de impaciencia.

– Opino -dijo Miles finalmente- que es una joven encantadora, inteligente e ingeniosa. Por desgracia, no se desenvuelve del todo bien en los actos sociales; tan pronto se muestra cohibida y tímida como parlanchina y descarada. A decir verdad, me pareció un soplo de aire fresco pero, a juzgar por los chismes que he oído, nadie comparte mi opinión.

– ¿Qué chismes? ¿Algo escandaloso?

Miles agitó la mano como para restar importancia al asunto.

– No, nada por el estilo. De hecho, no logro imaginar cómo podría esa buena muchacha enredarse en un escándalo, teniendo en cuenta que todo el mundo la rehúye.

A Austin le vino a la mente la imagen de una joven desmelenada y sonriente.

– ¿Por qué la rehúyen?

Miles se encogió de hombros.

– ¿Quién sabe cómo empiezan esas cosas? Las mujeres cuchichean tras sus abanicos comentando su torpeza en la pista de baile y sus escasas dotes para la conversación. Algunos la tacharon de marisabidilla después de que se enzarzara en una discusión con un grupo de lores acerca de las propiedades curativas de las hierbas. Basta con que una sola persona la juzgue inaceptable para que todos los demás opinen lo mismo.



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