
– ¿Y lady Penbroke no apoya a su sobrina?
– No he prestado demasiada atención al tema, pero sin duda los peores desaires se le hacen lejos de la aguda vista de la condesa. Sin embargo, ni siquiera el inapreciable apoyo de su tía es suficiente para asegurarle el favor de la gente de buen tono.
– ¿Sabes si lleva mucho tiempo en Inglaterra?
Miles se acarició la barbilla.
– Creo que llegó poco después del día de Navidad, así que debe de llevar unos seis meses.
– Quiero que averigües exactamente cuándo llegó y en qué barco. También me interesa saber si se trata de su primer viaje a Inglaterra.
– ¿Por qué no se lo preguntas tú mismo?
– Se lo he preguntado. Asegura que llegó hace seis meses y que es su primera visita a las islas.
Miles achicó los ojos, intrigado.
– ¿Y tú no la crees? ¿Puedo preguntarte por qué?
– Es posible que haya tenido tratos con William -contestó Austin en tono despreocupado-. Quiero saberlo con certeza. Si se conocieron, quiero saber cómo, cuándo y dónde.
– Tal vez deberías contratar a un alguacil de Bow Street. Ellos…
– No. -La palabra, cortante como navaja de afeitar, truncó la sugerencia de Miles. Hacía quince días ya le había encargado a un agente que localizara al francés llamado Gaspard, el hombre al que había visto con William aquella última vez…, el hombre que Austin sospechaba que sabía algo de la carta que ahora estaba guardada bajo llave en un cajón de su escritorio. No tenía el menor deseo de implicar a Bow Street en ese asunto-. Necesito discreción total por parte de alguien en quien pueda confiar. Bueno, ¿harás las indagaciones que te pido? Con toda seguridad tendrás que viajar a Londres.
