
– ¿Está achispada?
Ella alzó la cabeza unos centímetros.
– No lo sé. Pero supongo que es posible. ¿Qué quiere decir «achispada»?
Su peculiar acento le llamó la atención a pesar de su enfado.
– ¿Americana?
– ¡Oh, por el amor de Dios! Juro que si alguien vuelve a preguntarme eso… -Se interrumpió y clavó la vista, irritada, en las rodillas de él-. Es evidente que soy americana. Todo el mundo sabe que una inglesa jamás se dejaría sorprender tendida en la hierba en una postura tan indecorosa. Faltaría más.
– De hecho, no es su postura sobre la hierba sino su acento lo que la ha delatado -dijo Austin, mirándole la coronilla con una mezcla de sorpresa y fastidio. La mocosa era de lo más impertinente-. Para aquellos que están familiarizados con la jerga inglesa, «achispado» es alguien que se ha excedido levemente en su consumo de bebidas alcohólicas.
– ¿Excedido? -repitió ella, subiendo la voz. Realizando una serie de movimientos poco femeninos pero eficaces, logró ponerse en pie. Con los brazos en jarras, adelantó la barbilla en un gesto inconfundible de agresividad-. No me he excedido, ni levemente ni de ninguna otra manera, señor. Sólo he tropezado.
La réplica de Austin se extinguió en sus labios en cuanto se fijó en el aspecto de la joven.
Era extraordinariamente atractiva. Y estaba hecha un asco.
Su peinado, que originalmente debió de haber sido un moño, se había escorado de forma precaria hacia la izquierda. Tenía hojas y ramitas adheridas a los brillantes mechones de color castaño rojizo y varios rizos le sobresalían de la cabellera en ángulos extraños. El conjunto parecía un nido torcido.
Tenía el mentón manchado de tierra, y una brizna de hierba le colgaba del labio inferior…, un labio carnoso, según notó él. Austin bajó la mirada lentamente y observó que su vestido de tonos pastel estaba hecho un lamentable amasijo de pliegues decorado con manchas de hierba y pegotes de tierra. El arrugado volante del dobladillo le colgaba por la parte de atrás de la falda, sin duda como resultado del desgarrón que se había oído hacía unos momentos. Y, por lo visto, le faltaba un zapato.
