– Sigues poniendo excusas. ¿Por qué no admites que tienes miedo de salir de tu guarida?

– ¡Porque no es verdad! -protestó Jane con los ojos grises brillantes por la furia.

– ¿No? ¿Por qué no contratas a un encargado si no quieres vender la compañía?

– ¿Crees que no lo he pensado? -dijo con amargura-. Es muy fácil para ti decirme que haga lo que quiera, pero no todos somos tan egoístas como tú. Además, en estos momentos no podría pagar a nadie para que hiciera mi trabajo, y tal como van las cosas, si no nos sale pronto algo estaremos en la ruina y ni siquiera tendremos nada que vender.

– ¿Tan mal está? -preguntó, como si no le importara lo más mínimo.

Después de todo no era su empresa.

– Hay posibilidades. Yo quiero hacer la restauración y seguir trabajando en Penbury Manor.

– ¿Pero y la horrible compañía que va a construir sobre el jardín de rosas?

Jane frunció el ceño. Puede que para él fuera gracioso, pero no para ella.

– No he tenido otro remedio -contestó defendiéndose-. Tenemos algunos pequeños trabajos ahora, pero cuando se acaben no tenemos nada más. Odio la idea de arruinar Penbury Manor, pero significa trabajo seguro por un tiempo.

Lyall la miraba con una expresión singular.

– Entonces, ¿por el momento sigues atada a Penbury? Por lo menos no puedes decir que no hayas tenido oportunidad de escapar, ¿no?

De repente, diez años parecieron borrarse.

– Vayámonos de aquí -Lyall había dicho muchos años antes-. Podemos ir a Londres, a América, a cualquier parte. Hay un mundo ancho y grande fuera de Penbury, Jane. Lo descubriremos juntos -las palabras sonaban entre ellos como si las hubiera vuelto a decir. Jane miró desesperadamente a la carretera mojada que había delante.

– Quizá así no haya cometido ningún error.

– ¿Es así como lo ves?

– Sí -contestó con firmeza sin mirarlo, intentando olvidar todas las noches solitarias que había pasado imaginando los lugares que podía haber visitado, y las cosas que podía haber hecho si se hubiera ido con Lyall cuando él se lo había pedido.



15 из 125