
– Es lo menos que puedo hacer -dijo, inclinándose para abrir la puerta del coche-. Voy hacia Starbridge de todas maneras. Entra.
Jane vaciló, y los ojos de Lyall brillaron comprendiendo sus dudas.
– ¿No dices que estás preparada contra mí?
Y lo estaba. Había descubierto hacía mucho tiempo que Lyall Harding era sinónimo de problemas. Era valiente, arriesgado, y en el pueblo no gustaba mucho a la gente. Las chicas seguro que se habrían alegrado de saber que había vuelto después de la misteriosa ausencia de ocho años, pero los padres no habrían tardado en advertirles contra su persona. El propio padre de Jane se había mostrado horrorizado al saber que su hija había sido una de las primeras en encontrar a Lyall a su vuelta.
– No quieres nada más con él -había dicho-. Lyall Harding nunca se ha adaptado a este pueblo y nunca se adaptará.
Jane lo creía. Lyall Harding era diferente a cualquier hombre que ella había conocido en el tranquilo pueblo de Penbury, donde vivía. Tenía algo excitante y atrayente en su persona, un vigor y un matiz impredecible que hacía que todo el mundo a su alrededor pareciera aburrido y gris en comparación.
Pero ahora ella no quería nada con Lyall Harding. Jane era una chica prudente, todo el mundo lo decía, y las mujeres prudentes sabían mejor que nadie lo estúpidas que podían llegar a comportarse frente a hombres con ojos azules y sonrisas irresistibles.
En años posteriores, Janet se preguntó muchas veces lo diferente que habría sido su vida si el autobús hubiera aparecido a tiempo aquel día. Pero era tarde, y como él iba a Starbridge…
Así que Jane alzó la barbilla en respuesta al desafío de la sonrisa de Lyall y subió al coche.
Conducía demasiado deprisa, pero tenía las manos firmemente en el volante. Jane se acurrucó en su asiento, nerviosa y consciente de un sentimiento profundo de excitación. La furgoneta de la firma lo único que conseguía era ruido, como su vida, descubrió con una repentina tristeza. Tenía diecinueve años, ¿no era demasiado joven como para ir siempre por el carril lento de la vida? Lyall seguro que siempre iba a máxima velocidad.
