– Gracias, señora -se limitó a decir antes de abrir la puerta y cerrarla al salir.

Había unos servicios en el pasillo; entró y fue a sentarse en el cubículo un instante para sacar del bolsillo una bolsa de papel y respirar dentro. La primera vez que había sufrido un ataque de pánico temió hallarse al borde de un paro cardíaco: el corazón le latía con fuerza, no le respondían los pulmones y sentía una oleada de electricidad por todo el cuerpo. El médico le recomendó tomarse unos días de descanso. Ella había acudido a la consulta pensando que iba a decirle que fuera al hospital a hacerse unas pruebas, pero el médico le recomendó que comprara un libro sobre su enfermedad; lo encontró en una farmacia y vio que en el primer capítulo había una relación de los síntomas con consejos al respecto: reducir la cafeína y el alcohol, la sal y las grasas y, en caso de ataque, respirar dentro de una bolsa de papel.

El médico le dijo que tenía un poco alta la tensión y le sugirió hacer ejercicio. Había empezado a ir una hora antes a la comisaría para pasar por el gimnasio. Se había propuesto también ir a nadar a la piscina Commonwealth, que estaba muy cerca.

– Soy cuidadosa con las comidas -le había comentado al médico.

– Bien, prueba a hacer una lista a lo largo de una semana -añadió él; pero de momento no se había molestado y seguía olvidándose el bañador.

Demasiado fácil echarle la culpa a Fairstone.

Fairstone había comparecido ante el tribunal con dos cargos: allanamiento de morada y agresión. Cuando escapaba después del robo, había golpeado la cabeza contra la pared a una vecina que había tratado de detenerle. Le había propinado tal patada en la cara que le había dejado marcada la suela de la zapatilla deportiva. Siobhan prestó declaración como mejor supo, pero no habían encontrado la zapatilla ni en casa de Fairstone había aparecido lo que había desaparecido del piso. La vecina, por su parte, describió al agresor, reconoció su foto en las fichas policiales y lo identificó en una rueda de sospechosos, pero subsistían problemas que los de la Fiscalía detectaron de inmediato: no existían pruebas en el escenario del delito y no se podía vincular a Fairstone con aquellos cargos salvo por el hecho de que era un ladrón conocido convicto en otras ocasiones por agresión.



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