– Habría estado bien encontrar la zapatilla -comentó el fiscal jefe rascándose la barba al tiempo que preguntaba si no convendría retirar los dos cargos a cambio de un arreglo.

– ¿Y que le den un cachete y se vaya a su casa como si nada? – había replicado Siobhan.

En el juicio, el defensor arguyó ante Siobhan que la primera descripción del agresor que había dado la vecina apenas correspondía con el aspecto físico del imputado. La propia víctima tampoco contribuyó mucho al aceptar que había una sombra de duda, detalle que la defensa supo explotar al máximo. Siobhan incluyó en su testimonio cuantas insinuaciones fueron posibles para dar a entender que el acusado tenía antecedentes, pero finalmente el juez no tuvo más remedio que atender las protestas del defensor y amonestarla.

– Es el último aviso, sargento Clarke -le dijo-. Así que, si no desea dejar en mal lugar a la Corona en este caso, le sugiero que a partir de ahora medite más cuidadosamente sus respuestas.

Fairstone acababa de clavar la mirada, perfectamente consciente de lo que ella pretendía, y después, tras el veredicto de inocencia, salió del tribunal a grandes zancadas, como si tuviese muelles en los talones de sus zapatillas deportivas nuevas, y la agarró del hombro.

– Esto es una agresión -dijo ella, tratando de disimular lo furiosa y frustrada que se sentía.

– Gracias por ayudarme a quedar en libertad -replicó él-. Tal vez algún día le devuelva el favor. Ahora voy al pub a celebrarlo. ¿Cuál es su veneno favorito?

– Desaparezca por la alcantarilla más cercana, ¿me oye?



15 из 385