– ¿Casarme con Helen? -preguntó con incredulidad St. James. No se paró a preguntarse por qué oía cómo su conversación iba rápidamente en camino de desembocar en una discusión-. ¿Cómo pudiste pensar eso, en el nombre de Dios?

– ¿Qué otra cosa podía pensar?

– Para empezar, lo más sensato hubiera sido apoyarse en lo que existió entre nosotros antes de que te marcharas de Inglaterra.

Las lágrimas afluyeron a los ojos de Deborah, pero las reprimió furiosamente.

– Oh, sí, pensé en eso, ya lo creo. Cada noche y cada mañana pensaba en eso, Simon. Tendida en la cama, intentando pensar en un buen motivo, uno sólo, para continuar adelante. Vivía en un vacío. Vivía en un infierno. ¿Te alegra saberlo? ¿Estás satisfecho ahora? Te echaba de menos. Te deseaba. Era una tortura, una enfermedad.

– Y Tommy fue la cura.

– Por completo. Gracias a Dios. Tommy fue la cura. Así que lárgate de aquí. Ahora. Déjame en paz.

– De acuerdo, me iré. Mi presencia aquí, en el nido de amor, resultaría violenta para Tommy cuando llegue a reclamar aquello por lo que ha pagado. -Señalaba cada objeto mientras hablaba-. El té preparado. Música suave. Y la dama en persona, dispuesta y a la espera. Comprendo que estorbaría un poco. Sobre todo si viene con prisas.

Deborah retrocedió.

– ¿ Lo que él ha pagado? ¿ Por eso has venido? ¿ Eso es lo que piensas, que soy demasiado estúpida y torpe para ganarme la vida, que éste es el piso de Tommy? ¿Qué soy, pues, Simon? ¿Quién coño soy? ¿Su juguete? ¿La mujer de la limpieza? ¿Su puta? -No esperó la respuesta-. Sal de mi casa.

Aún no, decidió él. Aún no, por Dios.

– Has dicho que padeciste una tortura, ¿verdad? ¿Qué crees que han supuesto estos tres años para mí? ¿Cómo crees que me sentí anoche, esperando verte, hora tras hora, después de tres jodidos años, sabiendo ahora que estuviste todo el rato con él aquí?



34 из 422