Echó una última mirada a la habitación, recogió el bolso negro que había arrojado sobre la cama y comprobó que sólo llevaba dinero, las llaves, el nombre del club nocturno y dos bolsitas de plástico que contenían la droga. Terminados los preparativos, se marchó.

Bajó en el ascensor y se encontró al cabo de escasos segundos en la calle, respirando el perfume de la noche, la combinación sofocante de maquinaria y humanidad tan propia de este rincón de Londres. Como siempre, antes de dirigirse hacia la calle Praed, dedicó una mirada afectuosa a la fachada de piedra de su edificio; sus ojos se demoraron sobre las palabras «Apartamentos Shrewsbury Court», que hacían las veces de epígrafe sobre las puertas dobles del frente. Se abrían a su puerto y refugio, el único lugar del mundo donde podía ser ella misma.

Se encaminó hacia las luces de la estación de Paddington, donde tomó la línea del distrito hasta Not-ting Hill Gate, y allí transbordó a la central hasta Tot-tenham Court Road, percibiendo al salir las potentes emanaciones de los tubos de escape y la muchedumbre típica de un viernes por la noche.

Se dirigió a paso ligero hacia Soho Square, invadida por los clientes de los peep show cercanos. Sus voces, que hablaban con todos los acentos posibles, intercambiaban obscenas evaluaciones sobre las excitantes visiones de pechos, muslos y demás de que habían disfrutado. Era una masa bulliciosa de buscadores de emociones libidinosas. En otra noche cualquiera, Tina habría considerado la posibilidad de divertirse a su estilo con uno o dos de aquellos individuos, pero esta noche era diferente. Todo estaba programado.



4 из 422