
– ¿Qué te ha hecho cambiar de opinión? -le preguntó su hermano.
– No tuve elección. Me dijiste que moviera el trasero para venir o serías tú quien me lo moviera.
– Me alegro de que mis amenazas hayan servido de algo -aseguró Kevin soltando una carcajada-. He conocido a un par de ellos, Travis y Kyle Haynes.
Sus hermanastros. Familia que antes no sabía ni que existía. A Nash le costaba todavía trabajo asimilarlo.
– ¿Y qué tal?
– Fue estupendo. Existe un parecido físico que no me esperaba. Nuestro padre tenía unos genes muy poderosos. Somos más o menos de la misma estatura y corpulencia, y todos tenemos el cabello y los ojos oscuros.
Alguien dijo algo al fondo que Nash no entendió.
– Dice Haley que te diga que son todos muy guapos -aseguró Kevin con una carcajada-. Yo no me había dado cuenta. Eso es cosa de chicas.
¿Haley? Antes de que Nash pudiera decir nada su hermano siguió hablando.
– Hemos quedado para cenar mañana. Irán todos los hermanos con sus mujeres y sus hijos. Gage está aquí.
Gage y Quinn Reynolds habían sido los mejores amigos de Nash y su gemelo desde tiempos inmemoriales. Habían crecido juntos. Tres semanas atrás Nash había descubierto que Gage y Quinn compartían padre biológico con ellos.
– Hace dos años que no veo a Gage -dijo Nash-. ¿Qué tal está?
– Está prometido. Va a casarse. Vendrá mañana a la cena -dijo Kevin-. Tú también, ¿verdad? -Para eso he venido.
Para conocer a su nueva familia. Para tratar de implicarse en algo que no fuera el trabajo. Tal vez para encontrar la manera de volver a sentir.
¿Sería aquello posible o estaría pidiendo la luna?
No quería pensar en ello así que decidió cambiar de tema.
– ¿Qué tal la pierna?
