
– Bien. Curándose.
Su hermano había resultado herido estando de servicio. Era oficial y tuvo la mala suerte de encontrarse en el interior de una prisión cuando tuvo lugar un motín.
– Ojalá te quede marca -bromeó Nash-. A las mujeres les encantan las cicatrices provocadas por heridas de bala. Conociéndote, seguro que lo utilizarás como una ventaja.
– Tiene gracia que digas eso -dijo Kevin aclarándose la garganta-. Tendría que habértelo dicho antes pero estabas fuera en una misión. Lo cierto es que he conocido a alguien…
– ¿Haley? -preguntó su hermano recordando la voz femenina que había oído antes.
– Sí. Es… es una mujer increíble. Nos vamos a casar.
El compromiso de Gage había sido una sorpresa, pero el de Kevin lo dejó completamente sin palabras. Siguió conduciendo en silencio porque no se le ocurría absolutamente nada que decir.
– ¿Quieres conocerla? -le preguntó Kevin-. Estamos en un hotelito aquí en el centro de la ciudad.
– Claro. Voy para allá.
– Tú debes de ser Nash -le dijo una joven rubia con ojos de cervatillo tendiéndole la mano-. Vaya, eres alto, igual que Kevin, y también muy guapo, aunque no os parezcáis mucho. ¿Qué pasa con vuestros genes? -preguntó arrugando la nariz-. ¿Ninguno de vosotros es gordo o al menos poco atractivo?
Kevin agarró a su prometida del brazo y la besó con fuerza en la mejilla.
– Haley siempre dice lo que piensa. Ya te acostumbrarás.
– Felicidades por vuestro compromiso -dijo Nash tomando asiento en el sofá de la suite-. Si Kevin no ha sido completamente sincero respecto a su pasado me encantará entrar en detalles.
– ¡Vaya, historias de cuando Kevin era malo! -exclamó Haley riéndose a carcajadas-. Me ha contado algunas cosillas, pero nada de mujeres. ¿Cuántas ha habido? ¿Cientos? ¿Miles?
– Sabes todas las cosas importantes -aseguró Kevin removiéndose intranquilo en la silla-. Te quiero y deseo pasar el resto de mi vida contigo.
