
Siguió la dirección de los ruidos a lo largo del pasillo y atravesó unas puertas abatibles. Cuando entró en la cocina llena de luz se sintió asaltado al instante por el aroma de algo cocinado en el horno y del café recién hecho. Se le hizo la boca agua y su estómago emitió un quejido de protesta.
Echó un vistazo alrededor, pero la cocina, que era muy grande y estaba completamente rematada en blanco, parecía vacía. En el centro había una isla con una bandeja encima en la que había una taza vacía y una cafetera y un plato de fruta fresca cubierto con un plástico. A través de la puerta que tenía a la izquierda escuchó el murmullo de un monólogo mascullado entre dientes.
Guiándose por la voz femenina atravesó el umbral. Había una mujer de puntillas intentando alcanzar las estanterías. Le pareció que estaba tratando de agarrar algo del estante superior, pero no llegaba.
Nash dio un paso adelante para ofrecerle su ayuda, pero en aquel instante la mujer se estiró un poco más. El jersey se le subió por encima de la cinturilla de los pantalones, dejando al descubierto un fragmento de piel desnuda.
Nash sintió como si le hubieran golpeado la cabeza con un martillo. Se le nubló la visión, se quedó sin respiración y, para su asombro, experimentó por primera vez desde hacía dos malditos años que seguía teniendo vida debajo de la cintura.
¿Con sólo ver un poco de vientre? Estaba peor de lo que pensaba. Al parecer su jefe tenía razón al haberlo obligado a tomarse unas vacaciones.
Un grito agudo lo hizo volver al presente. Nash desvió la vista del vientre de la mujer a su rostro y vio a la dueña de la posada mirándolo con los ojos abiertos de par en par. Ella se llevó la mano al pecho y soltó el aire.
– Casi me mata del susto, señor Harmon. No sabía que se hubiera levantado ya.
– Llámame Nash -dijo dando un paso adelante y alzando la mano hasta la altura del estante superior-. ¿Qué necesitas?
– Esa bolsa azul. Dentro hay una cesta del pan plateada. Estoy haciendo bollos. Normalmente los pongo en la cesta más grande, pero como eres el único huésped que tengo en este momento pensé que bastaría con algo más pequeño.
