Todd apretó la mandíbula, pero, por lo demás, no mostró emoción alguna.

– Todas nos sorprendimos -prosiguió Julie-. No podíamos imaginar qué podías tener de malo para que tu tía tuviese que ofrecer tanto dinero para conseguirte una mujer.

– ¿Algo malo? ¿Yo?

– Claro.

Julie estaba pasándoselo bien, pero intentaba por todos los medios que él no lo supiera.

– Decidimos que una de las tres saldría contigo y averiguaría qué tenías de malo -añadió-. Jugamos a Piedra, Papel o Tijera para determinar a la candidata.

– Piedra, Papel… -Todd se aclaró la garganta-. Así que ganaste tú.

Julie se permitió sonreír.

– Oh, no, Todd. Yo perdí.

Capítulo Dos

El camarero llegó para tomar nota. Julie pidió su cena y esperó a que Todd hiciese lo mismo. Él apenas miró la carta, y simplemente mantuvo la mirada fija en ella.

– ¿Perdiste? -preguntó-. ¿Quieres decir que no ganaste?

– Eso es. Ya sabes cómo es. El perdedor tiene que hacer la parte desagradable. Eso sería la cita contigo. Algo desagradable.

– ¿Perdiste?

– Si hace que te sientas mejor -dijo ella antes de dar un sorbo a su copa-, me alegro de haber perdido.

– No sabes lo mucho que me afecta esa confesión.

– No deberías tomártelo tan mal. Mira la situación desde nuestra perspectiva. Tu propia tía abuela, que te conoce de toda la vida, está dispuesta a pagarle a una, mujer para que se case contigo. Imaginamos que tenías chepa y quizá una enfermedad extraña que te hubiese deformado la cara. Como el hombre elegante.

– ¿Pensabas que era como el hombre elefante?

– Fue una consideración. Y, aun así, me he presentado aquí.

– Perdiste y yo soy una cita de compasión. Genial.

– No puedo creer que Ruth te ofreciera un millón de dólares.

– No por la cita. ¿Recuerdas? La cita es gratis. Tengo una solución muy sencilla al problema; no me propongas matrimonio.



10 из 110