
– Oh, claro. Es fácil para ti decirlo, pero ahora ya no tengo nada con qué entretenerme durante el postre.
Mientras Julie se reía, se admitió a sí misma que Todd no era en absoluto como se había imaginado. Cualquiera con un número detrás de su nombre tenía que ser estirado, pero él no lo era. Le gustaba… mucho.
– Deberías haber conseguido algo por la cita -dijo él-. Cincuenta mil, al menos.
– ¿Sabes? Ni siquiera había pensado en eso. Pero, si la abuela Ruth vuelve a mencionarlo, le pediré un cheque.
– Yo también me alegro de que perdieras -dijo él, mirándola a los ojos.
– Gracias. Aunque no era difícil de predecir. Me encantan las tijeras y mis hermanas lo saben. Así que alguien siempre saca la piedra.
– Una manera interesante de determinar tu destino.
– ¿Destino? -preguntó ella, arqueando las cejas-. ¿Estás diciendo que tú eres mi destino?
– Ninguno de los dos pensábamos que las cosas iban a ir tan bien -dijo él, encogiéndose de hombros-. Tal vez el destino haya metido baza esta noche.
– No me hables del destino ni del universo, por favor. Mi hermana Willow siempre me dice que todos tenemos un destino al que no podemos escapar. Es muy dulce y la quiero mucho, pero a veces me dan ganas de estrangularla. Además, si vieras las cosas que come… repollo y tofu, y bebidas adelgazantes -Julie se estremeció.
– ¿Vegetariana?
– Casi siempre. Aunque tiene una lista de comida que no está considerada como carne. Como las hamburguesas en un picnic o los perritos calientes en un partido de los Dodger.
– Interesante.
– Es genial. Marina también. Es la pequeña de la familia. Imagínate, podrías haber salido con cualquiera de ellas.
– Estoy contento con la hermana que tengo.
– Pero no me tienes-aunque pensó que podría tenerla, recordando cómo se había sentido en sus brazos.
