
– Dame tiempo.
Julie miró por el retrovisor por enésima vez en los últimos siete minutos. La cena había sido fabulosa. No recordaba nada de la comida, aunque estaba segura de que había sido fantástica. Era la conversación lo que recordaba. Las palabras sexys, las risas… la conexión.
No recordaba la última vez que un hombre le había atraído tanto. Todd era increíble. Divertido, listo, y entendía su sentido del humor, cosa que no siempre ocurría. Y la química entre ambos… Todd podía hacer que se derritiese con sólo mirarla.
Todo eso estaba muy bien, ¿pero estaba preparada para llevar las cosas hacia donde evidentemente se dirigían? Su oferta de seguirla a casa para asegurarse de que llegaba bien era una excusa muy pobre para lo que verdaderamente estaba ofreciendo: Todd desnudo en su cama.
La pregunta no era si lo deseaba; porque lo deseaba intensamente. No se trataba del deseo, sino de ser sensata. No había tenido un hombre en su vida desde Garrett… Aunque no iba a pensar en ese bastardo mentiroso en ese momento. El tema era que hacía mucho tiempo que no tenía una cita. Estaba desentrenada. La noche había ido bien, ¿pero significaba eso que debía invitar a Todd a entrar para acostarse con él?
Aún no lo había decidido cuando llegaron a su casa. Aparcó frente al garaje y salió del coche. La noche estaba tranquila y no era demasiado fría pues, aun estando en otoño, aquello seguía siendo Los Angeles, donde el tiempo real no servía.
Estaba nerviosa. Todas las células de su cuerpo le rogaban que aceptase la oferta de aquel hombre. Su piel ansiaba ser tocada, y a sus hormonas no les vendría mal un poco de acción. Pero su cerebro le advertía que tuviera cuidado. Todd era encantador, ¿pero qué sabía realmente de él? Además, el sexo en la primera cita no era algo bueno.
El aparcó en la calle y salió, luego miró a su alrededor.
– No es lo que esperaba-dijo mientras se aproximaba a ella-. Pensé que vivirías en un lugar nuevo y brillante.
